


Más allá del aporte que puedan hacer los diferentes personajes, la historia gira en torno a Verónica. Por lo que es entendible que aparezca en la totalidad de las escenas por más escaso que sea su diálogo, ya que su mera presencia es muy potente e incómoda. Desde el momento que ocurre el accidente en adelante, el clima que invade la película es la incertidumbre: ya sea para saber qué sucedió realmente o por el hecho de sentir ese constante ambiente tenso, en donde todo se puede descontrolar en cuestión de segundos. Las situaciones están dirigidas y narradas de una manera en la que puedas sentir compasión por la protagonista, incluso teniendo presente el detalle de que chocó con su automóvil y solo atinó a darse a la fuga: la sensación de temor y desesperación se apodera de esta odontóloga, que parecía ser la imagen viva de la paz y cordialidad.
A modo de conclusión, debo reconocer que ‘’La Mujer Sin Cabeza’’ es una película que no suele ser del gusto de cualquier tipo de público, ya que la carencia de diálogos sostenidos puede provocar la falsa ilusión de que la historia se extiende sin sentidos claros, nada más lejos de la realidad. Lo realmente sobresaliente de la cinta, y del trabajo de Martel como directora, es la capacidad que tiene para narrar una transformación (entendido como un cambio de piel y de conductas) dentro de un ambiente sumamente cotidiano; el objetivo de generar ‘’cercanía’’ con todo lo que se vive en el film está cumplido. La transformación no es física, sino que más bien se da dentro de pautas internas del personaje. La existencia de este ambiente cotidiano, de procesos de transformación interna y el sentimiento constante de claustrofobia son aspectos necesarios de comprender y reconocer a la hora de hablar del cine de Lucrecia Martel, y La Mujer Sin Cabeza los condensa a la perfección.
Escrito por: Francisco Rojas Lipuchesky
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