Retomando los clásicos:
Pasaron 35 años del estreno
del film de Doria basado en la obra de Langsler, y todavía nos seguimos riendo
de nuestras propias miserias como si fuese ayer. Lo que Lagsler ha logrado
transmitir a través de estos identificables personajes es una manera de reírnos
de nuestras propias hipocresías, de nuestro falso comportamiento cotidiano, de
nuestro lenguaje vulgar, de nuestros prejuicios sociales.
La historia se centra en una
familia que se disputa por quién cuida a la anciana “Mamá Cora”. Una fuerte
crítica de cómo son percibidos los ancianos en una sociedad en donde cuidarlos
representa una carga y ningún miembro de la familia quiere tomar la
responsabilidad, menos todavía si este tiene alguna enfermedad mental o física.
Así comienza esta odisea en
donde Susana, la nuera de Mamá Cora está cansada de vivir bajo el mismo techo
que la anciana y comienza a irrumpir en la casa de sus cuñados para poder
discutir la tenencia. Es así como terminan teniendo un domingo familiar un
tanto “conflictivo y caótico”, cuando Mamá Cora decide alejarse unas horas de
la casa de su hijo, debido a los malos tratos que estaba viviendo, y toda la
familia comienza a enloquecer por su supuesta desaparición.
Si bien en el momento de su
estreno la película tuvo diversas críticas, a medida que pasó el tiempo se
convirtió en parte de la cultura popular argentina, no solo visibiliza el trato
hacía los adultos mayores, sino también la sociedad machista de la época en
donde las mujeres debían encargarse de absolutamente todas las tareas de la
casa, así como las relaciones familiares, en donde las falsedades y secretos
nunca faltan por más que estén guardados bajo llave por años.


La película plantea la
disfuncionalidad en las relaciones de una familia común y corriente, de clase
media, donde hay ricos, más ricos, menos ricos y más pobres. Cada hermano
pertenece a un eslabón social diferente: Antonio es de clase alta, Sergio de
media y Jorge de clase baja junto con Emilia.

Al mismo tiempo, con su risa
es capaz de reconocer la falsedad y la traición que subyacen a la metáfora de
la sociedad como familia. El público de hoy añora los ravioles o fideos del
domingo, es por eso que este film funciona como el viejo álbum familiar,
plagado de imágenes de seres absurdos, grotescos y crueles pero en algunas
medidas entrañables.
Lo que resulta curioso es
que hoy, después de 35 años, lo que nos cuenta, sigue siendo igual de actual,
igual de fresco. Es entonces cuando nos damos cuenta de cómo el cine más allá
de puro entretenimiento, es una importante herramienta crítica e histórica.
Alejandro Doria nos conduce
por una película realmente hilarante, en la que unos diálogos excelentes y unas
interpretaciones a la altura, nos hace pasar uno de los mejores ratos posibles
delante de la pantalla.
Calificación:
Muy Buena
Escrito por: Carla M. Vallejos (@kurca)